martes, 19 de julio de 2011
EL INVIERNO EN TENERIFE. Primera Palabra.
Escribo, leo, tomo mate, escribo, en esta mañana invernal de julio. Y no estoy en Buenos Aires. Leo y escribo en mí van con frecuencia -o podría decir siempre- aparejados. De hecho, leer me lleva a escribir casi más a menudo que al contrario. Llueve sin cesar y no hay pronóstico del tiempo que lo explique, afortunadamente. Y no estoy en Buenos Aires aunque el día sea invernal, pero sobre todo, no estoy en Buenos Aires aunque tome mate, y lo mejor -o puede que lo peor- aunque ni siquiera sea argentino. Tampoco estoy en Montevideo, aclaro, no sea que algún charrúa amigo o desconocido se pique viéndose excluido. Desde que abres facebook, twitter o el blog se acaba el momento íntimo de escribir, dejas el mate y se entra en otra dimensión, igual de autorreflexiva, pero es como si ahora te mirara todo el mundo, aunque nadie se entere de que estás escribiendo, aunque nadie te vaya a leer nunca. Es una autorreflexión un poco periodística, de crónica más que literaria. El mate se enfría, se hace tereré y solo la lluvia no cambia, con tanto ruido ella ni se entera. El invierno en Tenerife no tiene fecha.
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