La traducción es una acción imposible. La traducción es una acción necesaria. Traducir es comprender mal y comprender mejor a un tiempo. El traductor es el auténtico buscador de la aguja en el pajar y también el gran gozador del "éureka". Halla sin terminar de halla, toma una decisión y la muestra. Es una analogía de la vida diaria, una metáfora, una alegoría, y tantas cosas más, pero sobre todo ayuda a mantener los textos vivos. La traducción no es necesaria, es inevitable; sin ella no nos entenderíamos, literalmente. Aun ciñéndonos al uso del término traducción como la operación que se produce entre dos lenguas naturales (actuales o antiguas), aun así, la traducción es inevitable, tanto por escritor como de viva voz. No habría comunicación sin ella. Lo de traduttore traditore (que lo dice incluso gente que no tiene la menor idea de la lengua italiana) es una enorme vaciedad (en el mal sentido del vacío): no se traiciona nada ni a nadie, sino que, al contrario, se transmite un mensaje (en un tanto por ciento altísimo de fidelidad cuando se trata de un profesional, créanme) que de otro modo nunca llegaría. ¿Qué actitud sería ésa? ¿Que como no podemos decirlo igual que el original (qué extraño suena esto, ¿no?) mejor nos callamos? Y todo el mundo a quedarse sin conocer la literatura (y no literatura) escrita en lenguas que desconoce. Mejor decir entonces Traduttore traslatore...di cultura, claro está. Otro día seguimos, si así os parece.
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